Regionalismo na Política Externa brasileira: período Michel Temer e cenários a partir de 2019
22 octubre, 2018
Venezuela y el nuevo ciclo del regionalismo en América Latina
22 octubre, 2018

La actual visión argentina del MERCOSUR: Canal para un proyecto de inserción económica internacional

Leonardo Pablo Hekimian

1. El Mercosur en el contexto de la Política Exterior actual

La política hacia el Mercosur de la gestión del Presidente Mauricio Macri ha sido concebida y diseñada como parte de la expresión de cambio que fue el eje central de la campaña para las elecciones de 2015. En efecto, desde un inicio la actual administración planteó, una vez más en la historia argentina, la necesidad de “reinserción en el Mundo”. A partir de un diagnóstico negativo según el cual la gestión kirchnerista llevó al país al aislamiento, en realidad lo que se cuestionaba era el alejamiento de potencias occidentales (Estados Unidos, Unión Europea) sobre todo en el último periodo de Cristina Fernández de Kirchner. Se citan como ejemplos destacados la relación estrecha con el gobierno chavista de Venezuela, o el Memorando con Irán para que una “comisión de la verdad” analice las acusaciones contra funcionarios iraníes por el atentado a la asociación mutual judía AMIA en 1994. Las relaciones con grandes potencias como Rusia y China o la cooperación horizontal con países africanos no son objetadas en sí, aunque se critica que tal acercamiento se haya efectuado en desmedro de la relación con Washington, el balance costo/beneficio de alguno de los acuerdos alcanzados y la falta de transparencia de ciertos contratos internacionales.

Más allá de esta revisión de las relaciones bilaterales, se mantiene un perfil favorable al multilateralismo, entendiendo que Argentina, como país intermedio, puede hacer valer mejor sus intereses en un contexto decisional plural, como puede ser el G-20 en lo económico o la ONU en lo político. Correlativamente, la Política Exterior Argentina se manifiesta “multipolar”, sosteniendo que sin perjuicio de un vínculo esencialmente positivo con Estados Unidos y Europa, se quiere mantener buenas relaciones con otras potencias como los BRICS, con las que se prioriza el relacionamiento económico.

Con este diagnóstico, un objetivo estratégico central de Política Exterior de este gobierno ha sido el de establecer un modelo de inserción que permita obtener beneficios económicos traducibles en una mayor afluencia de inversiones, negocios y créditos. Consecuentemente, en materia de relaciones económicas, el objetivo “urgente” consistió en solucionar la cuestión pendiente con los “holdouts”, a fin de normalizar la relación con el sistema financiero internacional y ordenar las variables internas. Superado en principio ese problema, el gobierno busca atraer nuevas inversiones, pensando en un modelo exportador agroindustrial (“Queremos ser el supermercado del mundo”, ha dicho Macri en más de una ocasión).

Todo esto se vio reflejado cuando la Presidencia dio a conocer, en febrero de 2016, sus “100 prioridades agrupadas en ocho objetivos”. Uno de esos objetivos, el octavo, es la “Inserción Inteligente al Mundo”, que engloba las siguientes prioridades:

  1. Inserción política: construir relaciones maduras y pragmáticas con los países de la región y con estados clave. Participar activamente en organismos internacionales y foros estratégicos
  2. Acuerdos Económicos Internacionales: avanzar en acuerdos que permitan ampliar mercados para exportaciones, atraer inversiones, incrementar el turismo y fortalecer la institucionalidad.
  3. Incorporación a la OCDE: meta de ser miembro en tres años.
  4. Cambio Climático: desarrollar e implementar iniciativas para reducir o compensar el crecimiento de emisiones, y formular compromisos en línea con los acuerdos internacionales.
  5. Organización de la reunión de la OMC y del G20 en Argentina
  6. Marca País: posicionar a la Argentina en el mundo en base a valores que puedan transmitir la potencialidad y los atractivos del país.

Como se ve, más allá de que se sitúan en el mismo nivel diferentes categorías conceptuales, con distinto grado de abstracción, es evidente la prioridad de la agenda económica entre los objetivos que se planteó el gobierno en su relacionamiento exterior. Y si bien el Mercosur no es explícitamente mencionado, el perfil que se busca para este acuerdo de integración queda determinado principalmente por los criterios establecidos en las prioridades (95) y (96).

Correlativamente, ha habido una redefinición de las relaciones regionales. Se han privilegiado los vínculos bilaterales con Brasil y Chile, donde además se han instalado gobiernos ideológicamente afines al argentino. Particularmente en el caso brasileño la relación se considera estratégica pero se ha complicado por la compleja situación interna que viene afrontando el país vecino.

En cuanto a los procesos de integración, desde un principio se revisó la relevancia dada anteriormente a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), viéndolos más como ámbitos de diálogo político que como proyectos de integración efectiva. En el caso de UNASUR, este relegamiento ha sido más evidente desde abril pasado cuando se decidió, junto a otros cinco países, dejar de participar en las distintas instancias de UNASUR hasta tanto se garantice un funcionamiento adecuado.

De este modo, en términos concretos, la intención es revitalizar un Mercosur proclive al libre comercio inter-regional. En ese sentido, se destacan acciones promovidas por el gobierno argentino, tales como:

  • el acceso de Argentina como observador a la Alianza del Pacífico –AP- (2016) y el impulso a las conversaciones entre el Mercosur y la AP para alcanzar un acuerdo marco de libre comercio (2017)
  • la reanudación de negociaciones con la Unión Europea para alcanzar un acuerdo de libre comercio, que ya lleva varias rondas de reuniones técnicas y políticas, aunque no haya alcanzado aún una fórmula de superación de las habituales posturas proteccionistas en temas sensibles como el acceso al mercado europeo de productos agropecuarios sudamericanos y las cuestiones de propiedad intelectual, entre otras
  • la apertura de negociaciones con otros países y acuerdos regionales para concretar tratados de libre comercio, que se halla en diferentes etapas de avance: desde el inicio de conversaciones formales con Canadá, Corea del Sur, la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y Singapur hasta el diálogo exploratorio por iniciarse con Japón y Nueva Zelanda, así como el reciente anuncio del canciller uruguayo al asumir la presidencia pro-tempore, de que en este segundo semestre de 2018 se convocará a una reunión de negociadores del Mercosur y China.    

 

2. Desafíos y riesgos

Relevados los lineamientos centrales de la Política Exterior Argentina actual en general y de la visión del Mercosur en particular, así como tomando en cuenta las posturas adoptadas en estos dos años y medios por funcionarios políticos y diplomáticos en cargos relevantes, puede afirmarse que la Administración Macri busca que este acuerdo vuelva de alguna manera a priorizar las variables que se preveían cuando el entonces gobierno de Carlos Menem firmó el tratado de Asunción en 1991. Es decir, que el Mercosur canalice un relacionamiento económico externo basado tanto en el incremento de las exportaciones de productos en los que Argentina cuenta con ventajas competitivas, como en la atracción de inversiones externas a las que pueda ofrecerse facilidades para acceder a un mercado ampliado.

No obstante, surgen una serie de interrogantes sobre las perspectivas de concreción de estas metas, sobre todo a partir de circunstancias no deseadas ni totalmente previstas a fines de 2015. El cambio disruptivo de paradigmas para el comercio internacional que implican las políticas impulsada por la Administración Trump en Estados Unidos, las dificultades estructurales recurrentes para concretar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, o la incertidumbre que se presenta sobre la visión del Mercosur que tendrá el próximas gobierno brasileño que asumirá en enero 2019, son ejemplos destacados de este panorama complejo por el que debería atravesar el gobierno argentino para alcanzar sus objetivo relacionados con el Mercosur.

A ello se suma la problemática no resuelta al interno del Mercosur desde hace varios lustros. Para citar las cuestiones siempre presentes en los debates regionales: la eliminación de las restricciones no arancelarias y para-arancelarias que afectan el comercio intra-regional, las deficiencias institucionales, jurisdiccionales y burocráticas, la falta de avances en el libre comercio de servicios, la inconclusa eliminación del cobro redundante del arancel externo, las innumerables excepciones a dicho arancel externo común y quizás como tema más acuciante para el destino metafísico de este proceso de integración, si se avanzará realmente o no en el desarrollo de una unión aduanera, cuando hoy, a casi un cuarto de siglo de la fecha originariamente prevista para alcanzar esa etapa, el bloque funciona más bien como una zona de libre comercio imperfecta.

Si a estas asignaturas económicas pendientes le agregamos la compleja situación política derivada de la suspensión de Venezuela y la inconclusa incorporación de Bolivia, se hace aún más difícil dilucidar si son aún viables los objetivos de profundización de la integración económica y política previstos en Asunción, Ouro Preto y una larga lista de acuerdos políticos y decisiones posteriores del Consejo Mercado Común.

El actual gobierno argentino, que ejerció ya una vez la presidencia del Mercosur apenas asumido, se ha mostrado dinámico en impulsar las negociaciones externas destinadas a lograr acuerdos de libre comercio, siendo el proyectado con la Unión Europea el más ansiado a modo de “leading case” para impulsar otros previstos o potenciales. Sin embargo, no ha podido promover paralelamente avances significativos en la solución de la problemática pendiente, que es a su vez en muchos casos un reclamo de la contraparte europea.

Desde antes de asumir, funcionarios relevantes del gobierno de Mauricio Macri han considerado necesario que se consolide el eje Buenos Aires-Brasilia para que dé impulso a la integración de toda la región, a fin de que “Latinoamérica en general y el Mercosur en particular sea el ámbito natural desde donde nos proyectaremos”.

En otros ámbitos de la misma administración, como la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales, prevalece un visible optimismo y expectativa de una pronta concreción –este mismo año- del acuerdo con la Unión Europea, como punta de lanza de una estrategia de apertura económica nacional y regional.

Los procesos de integración son proyectos que nacen y se desarrollan a partir de una necesaria voluntad política. No obstante, su progreso efectivo depende sustancialmente de que se acuerden, consoliden y apliquen instrumentos institucionales, jurídicos y económicos. Le cabe al gobierno argentino, como les sucedió a sus antecesores desde 1991, asumir la responsabilidad junto a sus socios regionales de definir objetivos estratégicos y políticas consecuentes para que el Mercosur llegue a sus tres décadas de existencia, por fin, como un proceso consolidado de integración regional.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *