Declaración Conjunta Estados Unidos de América y República Popular Democrática de Corea – junio 2018
13 junio, 2018
Escenario ORALC 5
22 octubre, 2018

Reunión histórica, ¿iguales resultados?

Por Andrés Raggio 1

 

El pasado 12 de junio de 2018 en Singapur, se produjo el primer encuentro entre los máximos jerarcas de Estados Unidos de América y la República Popular Democrática de Corea, protagonizada por Donald Trump y Kim Jong-un, respectivamente. Este encuentro histórico era sumamente esperado, no solo por la retórica que ambos líderes venían practicando desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, sino también por ser la primera vez en la historia los dos jerarcas más importantes de ambos países se reunían.

El encuentro no estuvo por debajo de las expectativas rimbombantes que usualmente propone el líder norteamericano, dádivas constantes sobre si el encuentro se iba a llevar a cabo o no.
Esta relación se juega como una partida de ajedrez, donde un movimiento en falso puede dejar al descubierto a la reina y comprometer seriamente la partida.

Por su parte, el líder norcoreano no se queda atrás en la impronta lingüística que tanto se destaca de su colega Trump, Kim Jong-un ha mostrado señales contradictorias desde que se propusiera cambiar su política exterior respecto a Corea del Sur y Estados Unidos. Por una lado, asumiendo una política confrontacionista hasta hace muy pocos meses, con reiteradas pruebas misilísticas, y por otro lado, en abril del 2018, el líder norcoreano se reunió en Panmunjom con Moon Jae-in, presidente de Corea del Sur. Encuentro que sirvió para demostrar la buena voluntad de ambas partes y hacer un guiño a Trump.

Para comprender mejor el encuentro en Singapur, es menester destacar que hasta el día de hoy se han producido tres crisis importantes entre Corea del Norte y Estados Unidos.

La primera de ellas se dio en 1993-1994, años de grandes hambrunas en el país asiático, lo que dio paso a la presidencia de Clinton a dar ayuda financiera a Corea del Norte, así como brindar fertilizantes y alimentos de forma conjunta con Naciones Unidas. En ese entonces, a cambio de que Corea del Norte bajara el grado de tensión, Estados Unidos se comprometía a establecer relaciones diplomáticas con el país asiático y a brindar ayuda para desactivar los reactores nucleares. Ambos puntos no sucedieron.

La segunda de ellas estuvo directamente relacionada con la caída de las Torres Gemelas en setiembre del 2001, coyuntura en la cual el gobierno de Bush colocó, en 2003, a Corea del Norte dentro del “eje del mal”. Sin dudas este fue un hecho interesante porque Corea del Sur se encontraba llevando adelante la famosa política del sol ( sunshine policy ) que buscaba el acercamiento con su par del norte. La salida a la segunda crisis se produjo a raíz de una propuesta de China. Esta propuesta fue la política de reuniones a seis bandas, en referencia los países implicados: China, Corea del Sur, Corea del Norte, Estados Unidos, Japón y Rusia. El objetivo principal era abandonar el programa nuclear de Corea del Norte por etapas: cerrar las instalaciones, desmantelar el aparato nuclear y cancelar el programa. Funcionó entre 2003 y 2009.

En gran medida, la crisis más cercana se produjo por el cambio de mando en Corea del Norte, producto de la muerte del líder juche Kim Jong-il, quien fuera reemplazado por el joven Kim Jong-un, quien desde un comienzo ha tenido una retórica más confrontacionista que su padre, e incluso que su abuelo. En este caso, el hecho que generó un aumento de las tensiones en la región fue la construcción del sistema antimisiles estadounidense en suelo surcoreano, el denominado Terminal High Altitude Area Defense (THAAD). Este sistema generó el malestar de Corea del Norte y su animadversión para con Estados Unidos y sus aliados principales de la región (Corea del Sur y Japón).

Sobre las motivaciones de Kim para buscar un acercamiento a los Estados Unidos, se especula que luego de idas y venidas el gobierno norcoreano habría logrado desarrollar las bombas que estaba buscando, por lo que ahora sí es una carta de cambio el desmantelamiento de sus bases. Otros especulan que el sistema ha colapsado, por lo que Kim no tendría otra alternativa que negociar.

Si nos basamos en los antecedentes históricos era de esperar que el aumento de la retórica por la parte norcoreana haya sido más un medio que un fin.

Lo que no esperaba Trump es que la República Popular China se entrometiera en medio de este clima de amistad. Desde el cambio de política norcoreana, Kim visitó dos veces Beijing: una antes de reunirse con Moon y otra antes de reunirse con Trump. No es coincidencia.

Beijing es cada vez más consciente que debe tomar las riendas en el asunto si es que quiere seguir manteniendo parte de su dominio regional, intentando evitar que Estados Unidos tome la iniciativa con su otrora aliado histórico. Cabe recordar que ambos países asiáticos firmaron en 1961 un tratado de cooperación dentro del cual China se comprometía a apoyar militarmente a Corea del Norte, siempre y cuando ésta promueva la paz.

La reunión entre Trump y Kim en Singapur dejó una tímida declaración de intenciones, la cual era previsible, salvo para el circo mediático.

El compromiso norteamericano de establecer “nuevas relaciones” entre ambos no es nuevo, como fue mencionado ut supra . Dichas intenciones son bienvenidas, pero siempre y cuando salgan del papel.

Los puntos segundo y tercero de la declaración aluden a los esfuerzos conjuntos por “construir un régimen de paz duradero en la península coreana”. Esto permite una doble interpretación. Para Estados Unidos la paz duradera puede significar el desarme norcoreano, pero para Corea del Norte puede significar el retiro de Estados Unidos de la península, y solo así el desarme será posible.

Lo que no cabe duda es que “no hay peor gestión que la que no se realiza”, en efecto es positivo que la reunión finalmente se haya concretado. Lo esperable es que el clima de tensión baje y que se permita trabajar más cómodamente a la diplomacia, la cual parecía estar relegada por dos líderes, que reducían el asunto a ver quién tenía el botón más grande.

 

 

1 Asistente de Investigación para Asia del Programa de Estudios Internacionales, Universidad de la República, Uruguay. Coordinador del Observatorio de Regionalismos de América Latina y el Caribe (ORALC). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Uruguay. andresraggio@gmail.com / andres.raggio@cienciassociales.edu.uy

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