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Venezuela y el nuevo ciclo del regionalismo en América Latina

Oscar E. Fernández-Guillén

 

El siglo XXI trajo para Venezuela una nueva fase en su política exterior. La novedosa Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) contemplaba una concepción propia sobre la integración regional. A partir de entonces el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013) priorizó las relaciones Sur-Sur y el logro del bienestar social de los pueblos, a través de mayor cooperación, trascendiendo los vínculos meramente económicos de la anterior fase de regionalismo abierto o nuevo regionalismo. Fue así cómo se insertó e influyó activamente en la etapa de regionalismo comparativo, post-liberal o post-hegemónico.

Empero, con Chávez murió el motor de dicha política. No solo se perdió su liderazgo sino también la fuente de financiación. Nicolás Maduro asumió el gobierno en 2013, pero carecía del carisma político y del vasto ingreso petrolero de su antecesor. Sin petrodólares, con una crítica política doméstica y sin los mismos apoyos ideológicos en la región (dado el viraje político experimentado desde 2015), se resistió a asumir el nuevo ciclo, por lo que Venezuela pasó de una dinámica integradora a un letargo en el regionalismo latinoamericano: del liderazgo al aislamiento y la desintegración regional.

  1. El regionalismo en la política exterior venezolana

La CRBV expresa que las relaciones internacionales de Venezuela responderán a los fines del Estado y considera a la cooperación como uno de sus principios rectores. Asimismo, señala que promoverá y fortalecerá la integración con América Latina y el Caribe (ALC), en aras de lo cual privilegia las relaciones con Iberoamérica, trazando dos objetivos: 1) defender intereses (económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales) mancomunadamente y 2) promover el desarrollo de las naciones (en pro del bienestar y la seguridad de sus pueblos).

Claramente definió una política de integración regional como instrumento para el desarrollo, en la tradición del regionalismo entre países menos desarrollados, pero sin ceñirse exclusivamente al logro de metas económicas porque incorporó otras áreas de interés. Ello, unido al principio rector de la cooperación y su foco geográfico, marcó pauta en la agenda exterior venezolana y se expresó en las diversas iniciativas integracionistas regionales emprendidas y lideradas durante la primera década del 2000.

  1. Un nuevo ciclo en el regionalismo latinoamericano

El contexto político de los actores internacionales propicia el desarrollo de ideas y teorías que explican la lógica del regionalismo durante el momento específico en que se presentan los hechos. Nuevos patrones en el proceso de regionalización (i.e., incremento de las relaciones trasnacionales en materia económica, política, social, cultural, etc.) darán lugar a nuevas formas de regionalismo. En consecuencia, el nuevo ciclo experimentado en las relaciones políticas en ALC desde 2014 impulsa un nuevo ciclo en el regionalismo latinoamericano, que apenas comienza a ser analizado.

Esta nueva fase plantea ciertos cambios respecto de las etapas anteriores, entre los que cabe citar –por su significancia– el neoproteccionismo de EEUU a partir de la administración Trump y la reacción de la región que intenta cohesionarse aún más para hacer frente a los retos que tal situación supone. En este sentido, se observa el resurgir del énfasis en los objetivos económico-comerciales dentro de las agendas de integración regionales, sin que ello signifique el regreso al regionalismo abierto.

  1. Venezuela: de la integración a la desintegración regional

En un intento de periodización de la dinámica regionalista venezolana, se podrían distinguir dos etapas opuestas: 1) liderazgo regional y 2) letargo, aislamiento y desintegración regional.

  1. Liderazgo regional (2003-2013): fue la etapa del regionalismo activo en la política exterior de Chávez, manifestado por su mayor interés y liderazgo en la integración con ALC. En materia de integración económica, inició en 2006 el proceso de adhesión al MERCOSUR (tras denunciar el Acuerdo de Cartagena para salir de la Comunidad Andina de Naciones -CAN-). Las relaciones comerciales con sus antiguos socios  CAN fueron renegociadas con acuerdos comerciales preferenciales bilaterales. Sobre cooperación, lideró la constitución de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en 2004, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2008 y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2010.
  2. Letargo, aislamiento y desintegración regional (2014-actualidad): es el período de regionalismo pasivo en la  política exterior de Maduro, considerando su inactividad, desinterés y desintegración de instancias regionales nacidas en la etapa anterior, influido negativamente por la crisis económico-política venezolana. Se caracteriza por el nulo liderazgo externo de Maduro, que derivó en la ausencia de un proyecto conjunto a nivel regional, el cuestionamiento democrático y posterior desconocimiento y condena de su gobierno por buena parte de la región.

Actualmente el gobierno venezolano está aislado de los principales actores regionales y suspendido del único acuerdo de integración económica suscrito: MERCOSUR. Por otro lado, aunque continúa participando en instancias con las que mantiene un cordón umbilical, tales como ALBA, UNASUR y CELAC, no posee la fuerza económica ni la influencia política de otrora. Por consiguiente, hoy son proyectos acéfalos y estancados, sin rumbo y con un futuro incierto. La UNASUR, por ejemplo, se halla en medio de la peor crisis registrada en su primera década de historia ante la salida de la mitad de sus miembros: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú (debido a la falta de acuerdos en el organismo respecto del gobierno antidemocrático de Maduro). Ecuador, por su parte, anunció que solicitará la devolución del edificio sede de la UNASUR.

  1. El caso MERCOSUR

Con la llegada de Mauricio Macri a la presidencias de Argentina en 2015, el Mercosur marcó un nuevo rumbo a nivel económico. Posteriormente, el viraje también fue político con la salida de Dilma Rousseff de la presidencia del Brasil. Así, el gobierno venezolano se vio sin el antiguo apoyo ideológico de los socios fundacionales más grandes. Paraguay se mantuvo en su línea recelosa ante Venezuela, mientras que Uruguay –el último reducto de afinidad– comenzó a ser más cauteloso en tal sentido.

Desde entonces las incompatibilidades económicas, políticas y jurídicas de Venezuela con el Mercosur fueron patentes y en 2016 surgió el debate sobre sus incumplimientos al acuerdo. Venezuela se convirtió en el socio incómodo que no participaba en las negociaciones ni permitía el avance del esquema de integración, pues el nuevo impulso económico dado a lo interno procuraba retomar el Mercosur comercial aproximándose hacia la Unión Europea, Asia y la Alianza del Pacífico, regiones donde existe rechazo hacia el gobierno de Maduro.

La solución fue política y llegó en 2017 con la aplicación del Protocolo de Ushuaia a Venezuela, debido al quebrantamiento del orden democrático. Esto significó su suspensión en derechos y obligaciones como Estado Parte del Mercosur, no su expulsión. Asimismo, se halla en el limbo a nivel institucional, sin voz ni voto dentro de la estructura organizativa.

  1. Reflexiones finales

Venezuela entra de la peor forma en el nuevo ciclo del regionalismo en ALC. La incertidumbre reinante en la dinámica política doméstica se trasladó al plano exterior; y el quebrantamiento de la democracia por parte del gobierno de Maduro ha producido un amplio rechazo en la región que le mantiene aislado del Mercosur y ajeno a sus negociaciones. Igualmente, el colapso económico le redujo en facultades dentro de los proyectos de cooperación emprendidos en la era Chávez, dada la dependencia de éstos con Caracas.

Mientras la situación política interna no tenga estabilidad, habrá poca atención sobre la política internacional. En otras palabras, el desarrollo de la primera seguirá condicionando a la segunda. Por ende, el futuro de Venezuela en el regionalismo latinoamericano está unido a un cambio político interno. Mientras en el país exista un gobierno sin ningún tipo de confianza y rechazado por los agentes nacionales e internacionales, se dificultará la recuperación doméstica y su retorno a la interacción externa. Y si el autoritarismo persiste, el riesgo de un mayor aislamiento crecerá.

Bajo la hipótesis de que en Venezuela se produzca próximamente un cambio político pueden presentarse dos escenarios: 1) retorno al regionalismo latinoamericano, pero menos intenso que en la fase de liderazgo regional, por cuanto la recuperación del crecimiento económico nacional requiere de grandes niveles de inversión y una dinámica comercial que actualmente no se encuentran en la región sino en EEUU, Europa y Asia; y 2) no retorno al regionalismo latinoamericano, para aplicar una política comercial de apertura unilateral y negociaciones bilaterales que le permitan al nuevo gobierno mayores libertades de actuación para maniobrar individualmente, en pro de la recuperación económica.

En el nuevo ciclo el regionalismo seguirá siendo un instrumento para el desarrollo de Venezuela, pero puede presentar otros focos de atención e intereses que serán definidos en su momento tanto por el contexto del escenario internacional como por el sistema político nacional.

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